miércoles, 18 de julio de 2018

El inicio del final

17 de abril de 2012


Espacio personal:
Aquí escribiré lo que siento, lo que pienso y digo dia a dia y crea que tiene un peso importante.

Primero que nada, regresaré al viernes 13 de abril del 2012. Ese día, L y yo volvimos a salir. Fuimos a bobear a la gran plaza y hablamos respecto a su viaje a México y otras cosas. Nos divertimos platicando.
Aún así, yo tenía unas ganas enormes de abrazarlo, de besarlo, de decirle que lo amo y que quiero estar con él. Intenté guardar mi distancia, pues él ya me había dicho que ya no le interesaba. Una parte de mi estaba disgustada, triste, decepcionada, y por otro lado, algo en mi decia que todavia tenia una esperanza. Tenía fé en algo.

Días antes, L me había dicho que tenía dos prospectos. Fabiola y María, su ex novia. Por supuesto, yo ya sabía. No tenía por qué molestarme, pero me afectó emocionalmente creandome imágenes erróneas, paranoicas respecto a mi realidad.
Ese viernes, le pedí llegar a un parque. Muchas veces tenemos el deseo desesperado de hacer algo para sentirnos bien. Saber que él ya no "sentía" nada por mi, o el hecho de escucharlo de su boca fue algo sumamente cruel para mi. Me exigia buscar consuelo, energía, algo para tranquilizarme. Llegamos al parque de tabachines e inmediatamente me bajé y corrí hacia un  árbol para abrazarlo. La energía que me transmitió o me quitó ayudó bastante a que me tranquilizara y pensara claramente. Volvimos al auto, me senté y él (L) me preguntó si podía abrazarme. No contesté. Se levantó y me asió hacia sí y me estrechó entre sus brazos, contra su pecho, y me dio tranquilidad.
Es difícil amar a alguien que te rechaza. Pero él me decía algo y luego se contradecía con sus acciones. Nos sentamos dentro del auto como solíamos hacerlo cuando éramos novios: él en el asiento del conductor, y yo recargada en él como si abrazara a un niño pequeño. Nos besamos, y le hice saber que me sentía mal por la situación, ya que no se me hacia justo que jugaramos con nuestros sentimientos. Le dije que no sería bueno volver a verlo hasta que tomara él la decisión de volver conmigo. ¿Amenaza? ¿Berrinche? ¿Advertencia? ¿Qué buscaba con ello?  Simplemente no lastimarme más, y verlo como solo amigo me era imposible. Me dijo que lo hablaríamos después y accedí.

Esa noche, por msn, coqueteamos y tuvimos cibersexo. Quedamos en vernos al día siguiente para ir a un motel. Me arreglé especialmente para él. Nos desvestimos lentamente. Había pasión, deseo, sensualidad en el ambiente. Me atrevería a decir que incluso había amor. Nos besabamos. Nos acariciabamos. Recorríamos cada centímetro de nuestros cuerpos con los labios, con las yemas de los dedos, con las manos, con los ojos, con el aliento, con la lengua. Me tendió en la cama y me besó suavemente el abdomen, las piernas y por último mi sexo. Me ofreció placer. Exquisito placer que me hacía retorcerme y gemir intensamente.
Nuevamente me besó. Lo recosté en la cama e imité sus movimientos de besarme el cuello, el pecho, abdomen... le retire los pantalones y boxers y besé suavemente entre sus piernas, subiendo hasta su miembro y acariciándolo con los labios  y por último introduciendolo en mi boca, succionando y masajeando con la lengua. Lo miraba a los ojos. Sentía placer con lo que le hacía.
Después, me jaló un poco hacia sí y me monté en él. Nuestros movimientos se sincronizaron y nos escuchábamos jadear mutuamente.
Tanto era nuestro éxtasis que no nos dimos cuenta hasta tarde que me acababa de llegar la regla. Continuamos un momento, pero lo dejamos porque ya era mucha la sangre, así que fuimos a ducharnos.

Me sentí mal. Primero por mi regla (¡Buen momento para llegar, cabrona!), y también porque me sentía utilizada. Quería saber, ¿qué era? ¿Estúpida? ¿Solo un objeto para bajarse la calentura? ¿Un  juego? Me sentía mal conmigo por dejarme llevar así por mis sentimientos. Lloré. Él me consoló abrazándome y diciendo que todo estaba bien. Le dije lo que sentía, lo que pensaba. Hablamos. Nos metimos al jacuzzi y nos abrazamos. A pesar de las cosas "malas", la pasamos muy bien.

Al día siguiente le llamé para saber si nos veríamos. Me dijo que no y luego cambió de parecer y me pidió si podía pasar a su casa. Lo hice. Fuimos a un parque cercano y hablamos de tonterías.
Finalmente me preguntó: "¿Qué decidiste sobre nosotros?"
Respiré hondo. Había llegado el momento de la verdad. De MI verdad.
Le dije que ese día, domingo 15 de abril de 2012, sería el último día que nos veríamos hasta que él decidiera volver conmigo.
Nos miramos. Desvió los ojos y pensó un instante. Me dijo después de unos momentos que sus condiciones eran: seguir con mi tratamiento psicológico y psiquiátrico, y que debía accionar, más que hablar, y hacer las cosas bien. Que siguiendo eso, él estaba totalmente dispuesto.

Lo miré un instante. Incrédula, confusa, algo alegre. Le pregunté: "¿Estás diciendo que volvamos?" Me respondió que quería darnos otra oportunidad. Lo besé y abracé, emocionada, feliz. Quería llorar de la emoción. Creo que lo hice, no lo recuerdo, pero se que me sentía agradecida con el karma, con la vida, con él, conmigo misma por darme la oportunidad de intentarlo nuevamente con esta persona tan maravillosa que ahora se encuentra a mi lado.

Creo que es bueno obrar bien. Te engrandeces espiritualmente y te haces mejor persona. Te abres puertas, senderos que son más agradables si los intentas cruzar a pesar de las adversidades. En estos momentos me siento con fé, con amor por la vida. Con ganas de continuar creciendo como persona y de hacer las cosas bien. 

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